Pautas para la preparación de un sermón temático expositivo

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La exposición temática, bien desarrollada, ofrece beneficios que merece la pena aprovechar. Por ejemplo, permite tratar temas específicos, dar respuesta bíblica a asuntos de actualidad, enseñar doctrina, entre otros.

En un sermón temático expositivo el predicador elige un tema, luego selecciona diferentes pasajes bíblicos que tratan el mismo tema y expone la enseñanza obtenida través del estudio de cada texto en su contexto, respetando la intención del autor inspirado. De esta forma el predicador presenta la enseñanza particular que cada pasaje aporta al tema en estudio.

El propósito de un sermón temático es descubrir y exponer lo que la Palabra de Dios dice sobre un tema específico. Debes evitar acudir a la Biblia en busca de pasajes que sostengan tus presuposiciones doctrinales, ideas, enseñanzas previas, etc. Si haces esto, no predicarás la Palabra del Señor sino tu propia opinión con versículos bíblicos al lado (y seguramente mal interpretados).

Para elaborar un sermón temático fiel a las Escrituras te recomiendo tomar en cuenta las siguientes pautas.

  • Elige tema según la necesidad de la congregación.

Evita la tentación de elegir los temas y asuntos de tu propio interés. Para ser relevante a tu congregación deberás abordar temas de acuerdo a sus necesidades. Sólo así tendrás la atención de tus oyentes y la Palabra expuesta podrá ser aplicada a sus vidas de forma que produzca cambios significativos de conducta y pensamiento. Una vida consagrada y mucha oración son la clave en este punto.

  • Estudia los pasajes bíblicos.

Una vez elegido el tema seguramente ya tienes en mente algunos algunos textos bíblicos que podrías usar. ¡Cuidado! Lo mejor es no asumir que tus textos tratan el tema. Debes estudiar cada texto para verificar sí trata el tema y descubrir lo que enseña sobre el mismo. De no hacerlo podrías usar un texto fuera de contexto para sostener una presuposición personal. Así que, el estudio de cada texto que cites o en que te bases es imprescindible.

En conclusión, el estudio te permitirá:

    • Seleccionar los pasajes apropiados. Según el enfoque y propósito de tu sermón, unos pasajes serán más pertinentes o apropiados que otros.
    • Eligir los pasajes bíblicos que traten el tema. No te fíes de la concordancia, referencias cruzadas o textos paralelos. Sólo el estudio del texto te permitirá descubrir si un texto en verdad habla del tema que crees que habla.
  • Estudia cada pasaje en su propio contexto.

Cada pasaje bíblico contiene una enseñanza propia, ajustada a la intención del autor inspirado. Por ejemplo, en 1 Corintios 12 y Efesios 4 son mencionados los dones espirituales. Aunque ambos pasajes hacen referencia al mismo tema, cada uno enseña algo distinto sobre los dones porque esa fue la intención del autor. Si un texto bíblico no enseña algo sobre el tema que trata, no es que el pasaje esté incompleto, es que el autor inspirado no lo escribió para enseñar lo que falta, sino para transmitir exactamente lo que enseña.

  • Determina el significado de las palabras por su contexto textual.

Hay dos errores comunes al desarrollar sermones temáticos, específicamente al estudiar palabras:

    1. Asumir que las palabras tienen el mismo significado en todos los textos. No debes ir a la concordancia bíblica y escoger todos los textos que mencionan la palabra o el tema sobre el que predicarás. Según el texto, una palabra puede significar cosas distintas. Por ejemplo, la palabra “mundo” en Juan 3.16 no tiene el mismo significado que en 1 Juan 2.15. Es un ejemplo bastante obvio, pero te encontrarás pasajes donde la diferencia no es tan clara.
    2. Asumir que el significado de las palabras está en el diccionario bíblico. Los léxicos y diccionarios presentan las múltiples acepciones y usos de una palabra, pero el verdadero significado de una palabra en un texto siempre está en el propio pasaje. No comiences por el diccionario, empieza por leer varias veces el texto en múltiples versiones de la Biblia. Incluso, si eres bilingüe o políglota puedes consultar traducciones en otros idiomas (aunque con las versiones en español tendrás suficiente).
  • Limita el uso de textos. Menos es más.

Treinta pasajes bíblicos es el récord de textos citados que quien escribe ha escuchado en una sola predicación (desde que empecé a contar). Es mejor enfocarse solamente en dos pasajes y estudiarlos profundamente para aprovechar al máximo su enseñanza, que disparar citas bíblicas sin misericordia (y sin estudio). Incluso hay una opción mejor, desarrolla una serie de predicaciones y usa un sermón por cada texto que quieras enseñar. De esta manera exprimes al máximo cada pasaje.

  • Deja que el texto hable, no hables tú del texto.

La información exegética es para el escritorio. No subas al púlpito a explicar la raíz griega, hebrea o aramea de las palabras en el texto (sí, aún ni las palabras principales) porque es irrelevante para tu audiencia. Tu congregación necesita que tú le digas “lo que enseña el texto” y “como aplicar esa enseñanza a sus vidas”. Esto es que el texto hable. Selecciona muy bien la información verdaderamente necesaria para que el texto sea claro. A mayor información exegética que ofrezcas, más rápido perderás la atención de tu audiencia.

[alert type=”success”]Sencillez y claridad son elementos clave en la predicación.[/alert]

  • Se creativo en la exposición de la enseñanza.

Cuando preguntaron a Jesús si era lícito dar tributo al César (Mateo 22.15-22) no respondió con un sermón ético de tres o cinco puntos. El Maestro siempre fue creativo, sus enseñanza eran sencillas, sus declaraciones eran breves, directas y memorables. ¿Porque no imitarle también es esto?

El estudio en el escritorio demanda un trabajo exegético pero la predicación demanda un énfasis homilético. No prediques el bosquejo exegético. El propósito de este es mostrar al intérprete el tema del texto y el desarrollo lógico que el autor inspirado le dio. Tú puedes predicar creativamente sobre los principios obtenidos del pasaje y proporcionar aplicaciones prácticas.

NOTA: La primera publicación de este artículo fue en mi antiguo blog (www.escritoriopastoral.com)

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